Martín Giacchetta en el Ironman de Zurich con el X3M Triatlón

Martín Giacchetta en el IM Zurich: Sangre, sudor, lágrimas… y medalla

Publicado 30 julio, 2013

Si tuviese que definir en sólo cuatro palabras lo que pasó este fin de semana en Zurich posiblemente elegiría esas cuatro y en ese mismo orden.

 

El viaje empezó normal como cualquier viaje de Tri: maleta, bici, etc., etc. Una vez en Zurich más de lo mismo, cenita con Carlitris y Jesús, recogida de dorsales, paseíto por la feria comprando los últimos detalles y a trotar un poquito.

 

Todo transcurría con normalidad salvo un sudor muy abundante provocado por el calorazo y la humedad terrible que circulaba en el ambiente. A Carlitos se le ocurre hacer un stop para ver el bonito paisaje que ofrecía una ciudad muy linda con el lago y los Alpes nevados al fondo.

 

Lo último que recuerdo fue ver pasar una barca por debajo del puente en el que estábamos y decir: yo me tiraba de este puente al agua encantado. Según termino de decir eso, siento que el corazón latió considerablemente más lento y fuerte en dos ocasiones…

 

 

 

BuM…

 

 

 

BUm…

 

 

 

Según los testigos hice mucho ruido al caer como una bolsa de patatas, sin apoyar las manos y dando de lleno con la cabeza en el suelo. Perdía SANGRE a chorros y durante unos 30 o 40 segundos mi cuerpo no respondía. Me despierto con temblequeo previo y con una sensación de haber dormido profundamente, abro los ojos pero sigo sin ser conciente de lo que pasaba y de donde estaba, hasta que escucho a Carlos decir que está viniendo la ambulancia mientras me apretaba la cabeza, como sí de una rubia suiza de esas que hay por ahí se tratara, el muy cabrón no me soltaba y me explicaba que no podía hacerlo porque tenía una brecha gorda en la cabeza. Dolor no sentía pero me ardía bastante.

 

Ambulancia, hospital, cables por todos lados, suero, y médicos de todos los tipos. Entre chapa y pintura me tuvieron 8:30hs internado aunque el protocolo de una conmoción cerebral acompañado de pérdida de conocimiento exigía 25hs de observación.

 

Martín Giacchetta Ironman Zurich

 

Sinceramente no se qué me provoco esa caída pero yo estaba bien y sólo quería salir de ahí (me dan mal rollo los hospitales, no me gustan nada) así que firme un descargo de responsabilidad, prometí hacerme todos los controles correspondientes al llegar a España y partimos a descansar previa cena en un mexicano.

 

La decisión fue dura pero no era posible hacer una Ironman con 20 puntos en la cabeza. Sólo con insinuarlo, Carlos y Jesús, quién estuvo a mi lado como si de un Guardia Suizo se tratara, ejercían responsabilidad absoluta y no me dejaban ni siquiera dudarlo. La verdad que yo aunque me sintiese bien también estaba convencido que no podía hacerlo. ¿Qué putada no? Los entrenamientos, las horas invertidas, el viaje… todo el sacrificio a la basura por una caída sin tropezón. Resignado, cansado y triste, me fui a la cama.

 

Al día siguiente me desperté rozagante, de buen humor y dispuesto a ser un pomponero de lujo. Nos fuimos con la familia de Carlos al lago y mientras el moro sale a trotar unos minutos, me doy una vuelta por la feria del corredor. Iba mirando y pensaba… qué putada, ¡qué putada! No había vuelta atrás y ya no era por mis sensaciones y mis ganas que sólo me decían que corra, era porque el señor de que nos llevaba las bicis desde Madrid en furgoneta se iba 2 días a Alemania con su familia y mi bici había quedado colgada dentro de ella.

 

Llega el moro de correr y comentando con él las ganas que tenía de hacer el IM me dice que había visto al de Bulletvan en el parking!! Casualidades de la vida, destino o yo que sé, no le habían dejado salir hacia Alemania porque el tráfico estaba cerrado debido a los triatlones que estaban transcurriendo a lo largo del sábado.

 

Tardo un segundo en llamarle y poco rato después me voy a buscar la bici. Según se abre el portón trasero me guiña un freno y me dice: “Sabía que me ibas a venir a buscar”. Le contesté: “Sé que naciste para rodar y yo para conducirte, no iba a dejarte sola”. La verdad es que no estaba preparado para ser pomponero todavía y estar viéndolo desde fuera… mucho menos a la fuerza y por un rasponcito.

 

Así fue como me presente en la línea de salida, con doble gorro para que aquello no se mojara. Preocupado para que no me den un manotazo en la cabeza, me ubico bastante delante pero siendo el último por la derecha… bocinazo y… ¡empieza la fiesta!

 

Salgo medio rápido para evitar el mogollón de gente y vigilando que nadie se me acercara por la derecha, si alguien lo hacia, yo aceleraba y me salía del grupo otra vez, no importaba nadar más metros pero quería salir intacto y así fue como transcurrieron cada uno de los metros. Terminé el agua en un tiempo decente, aunque sin poder evitar que se me mojara la cabeza. En la T1 tenía papel absorbente por sí eso pasaba, me sequé bien la cabeza y con toda la paciencia del mundo me puse el casco, el muy zorro me daba de lleno en la herida aunque no me dolía si lo acomodaba bien.

 

Todo seguía transcurriendo con cierta normalidad y empezaba a rodar fuerte en un llano que pedía guerra, pero el primer bache que pillé (y cada uno de los siguientes) me hizo recordar que hoy no había guerra con el crono de ningún tipo ya que la cabeza me latía con cada uno de ellos como sí el corazón me hubiese subido por el cuello.

 

Bajé el ritmo y tranquilamente me dispuse a pedalear sin hacer grandes esfuerzos e intentando evitar traqueteos. El calor apretaba, el SUDOR abundaba y la cabeza me hervía ya que no podía mojarme. Bebí, comí y me permití el lujo de, en el km 120, hacer un stop en la playa y meterme de cuerpo entero (sin cabeza) y vestido completo en el lago (es lo que tiene cuando puedes correr sin presiones y sin estar pendiente del crono), me sentó a gloria, estaba fresquito y “sólo” quedaban 60km.

 

Casi al final de la bici me encuentro sorprendentemente con Carlos (pensé que estaría por delante) que se había pegado un golpe de los buenos a 37 km/h y que por suerte le había permitido seguir en carrera. Jesús estaba un pelin más atrás que nosotros pero tampoco muy lejos.

 

Empieza el maratón. Intento correr a ritmos normales ya que el haber sido conservador en la bici me lo permitía, pero cada paso que daba me dolía la cabeza recordándome que hoy sólo podía aspirar a terminar. Me pongo a caminar-correr muy suave y a intentar tener paciencia. No quería estar tanto tiempo andando pero también sabía y sentía cuanto me tiraba la herida si intentaba correr con normalidad. Después del km 25 ya me dolían las patas, la cabeza y solo tenía ganas de terminar aquello, no estaba disfrutando y lo único que me motivaba era cruzar la meta.

 

La última pulsera que indicaba que sólo quedaban 10,5 km, por fin, se ajustó a mi brazo, y con todo lo que traía encima sabía que, a las malas, me quedaban 2hs más. Se me hizo demasiado largo pero también es cierto que eso potenció e hizo que disfrutará más de la meta. Se me escapo alguna LÁGRIMA y volví a sentir esa sensación única que sólo sientes cuando tienes entre manos algo que te costó tantísimo conseguirlo (a veces me pregunto si esa sensación es la que nos engancha a este tipo de pruebas o retos, incluso la comparo, dentro de mi ignorancia, con lo que puede sentir un adicto a algo cada vez que se auto suministra su dosis).

 

No hay mucho más que contar ya que no fue lo deportivo lo que puedo destacar de este fin de semana, eso si, que feliz estoy de tener ya en mi casa la MEDALLA de Finisher que estuvo a punto de quedarse en Zurich para siempre.

 

Martín Giacchetta Ironman Zurich Medalla

 

PD: El triatlón es un deporte individual pero… ¡qué bueno es estar en este equipo!

 

Gracias Carlos y Jesús por haberme cuidado tanto ese anecdótico viernes.

4 comentarios a “Martín Giacchetta en el IM Zurich: Sangre, sudor, lágrimas… y medalla”

  1. No tengo palabras… Eres mi ídolo!!!. Sangre, sudor, lágrimas, medalla… y fuerza!!. Enhorabuena!!

  2. Paloma D. Barderas dice:

    A Carlos le admiro como persona y deportista. Y le quiero como familia q somos.
    Sois todo un ejemplo a seguir, por vuestro esfuerzo, dedicacion y lucha. Vuestros triunfos son dignos de celebracion por todo lo alto y el de Zurich merece nuestra admiracion elevada a la enesima potencia.
    Gracias Martin por compartir tu experiencia, porque sin qererlo nos ayudas en nuestro reto de superacion cada día.

    Un aplauso muy grande para vosotros, y uno especial para ti.

    1. Martín dice:

      Muchas gracias por tener la paciencia de leerme y por vuestros comentarios

  3. Dominik dice:

    No tengo palabras – qué contribución – un abrazo grandísimo

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