Meta-JaviPerez-PatrocinioHitachi

HAWAI 2015: Kona on my mind. . . y en mi corazón #inspireyourlife

Publicado 26 octubre, 2015

Crónica IRONMAN HAWAI 2015: Kona on my mind. . . y en mi corazón. (9h44’)

3:15 am suena el despertador, aún para ser día “Ironman” sigue siendo muy temprano, pero me despierto bastante tranquilo  y contento, ya que he podido dormir casi 7 horas. El alojamiento, en una pequeña casa en las faldas del volcán Hualalai, a unos 700 m de altura, y a escasos 20 minutos en coche de Kona, ha sido todo un acierto, tranquilidad absoluta en medio de un bosque impresionante donde la temperatura desciende notablemente respecto a la línea de costa y hemos podido dormir como nunca y relajarnos y alejarnos completamente cuando nos apetecía del “bullicio” de Kona. Solo un “pero”, y es la presencia de mosquitos, que sobre todo si eres especialmente “carne de cañón” como es mi caso, te obliga a rociarte en repelente, sobre todo por las noches.

La logística ha sido uno de los principales “caballos de batalla” de esta aventura, entre el viaje y aquellos aspectos novedosos que planteaba la carrera respecto a otros triatlones. El día “D” seguía, había cosillas que me estresaban por ser la primera vez, por lo que decidimos madrugar y estar a primera hora. Llegamos a las 4:45, justo a la hora que abrían los boxes, y ya había bastante triatletas esperando para el “body marking” (marcado de tu dorsal en el brazo).

La organización del evento, la cual en general me pareció superlativa, el día de la carrera también funciona a las mil maravillas. Los cerca de 5000 increíbles voluntarios te hacen sentir de nuevo un privilegiado.

Tras el body marking, pasamos a la zona de bicis (el día de la carrera no es posible acceder a la zona de bolsas tanto de bici como de carrera), para colocar los bidones y meter presión a las ruedas.  Entre mi torpeza habitual y los nervios del momento no soy capaz y de nuevo un voluntario acude al rescate para tranquilizarme y dejar la bici lista.

Aprovecho para saludar y desear suerte al dorsal inmediatamente anterior al mío,  casualidad de apellidos, el triatleta inglés Charles Pennington (comandante de la Royal Marine británica), una auténtico “bestia” al que sigo en redes sociales y que me temía que lo iba a hacer muy bien. Me sorprendió su aparente total tranquilidad. A la postre, en su 1ª participación en Kona finalizaría 2º en 35-39 a escasos 6 segundos del primer puesto y marcando el mejor parcial a pie de todos los participantes.

Con más de 90 minutos por delante hasta la salida, tratando de aplacar un poco los nervios voy al encuentro y refugio de los españoles más cercanos en boxes, que casualmente son con los que más he coincidido y más me han ayudado y aconsejado estos días en la isla: Mabel Gallardo, Pedro Campoy, Michael Alonso, Carlos Aznar e Iván Alvarez. Otro de los privilegios de este viaje ha sido poder conocerlos un poco personalmente, y comprobar que no solo son grandes triatletas, sino además grandes personas.

Entre pequeñas charlas y largos silencios y tras las salidas de los profesionales, llega el momento de meterse al agua, decidir definitivamente donde colocarse y esperar el cañonazo de salida. Justo antes de meterme, me alegro mucho de ver otra cara muy conocida como es la del gran Cala  (en su merecidísimo primer Kona),  al que conocí en un campus lanzaroteño de Triluarca allá por enero de 2012. Conocí y sufrí, jejeje, porque Cala junto con Jaime, Javi Moreno y Álvaro Rodríguez, me lo hicieron pasar dolorosamente “muy bien”.

Nos deseamos suerte y ahora sí, a escasos 7-8 minutos para la salida decido meterme al agua. En general, la sensación es de que los triatletas, salvo “los pocos”  que van a pelearse por salir en primera-segunda línea no tiene ninguna prisa por meterse al agua. Me agobiaba un poco esa tensa espera dentro del agua, por eso decidí entrar bastante tarde  tratando de minimizar un poco los golpes al principio, colocarme un tanto atrás y en principio en la zona con menos gente, aunque tenía bastantes triatletas por detrás y no sabes hasta el último momento donde se van a colocar.

Indescriptible la sensación de estar dentro del agua, esperando el cañonazo de esa salida, otras veces antes vista en vídeo desde esa mítica toma aérea del Pier. Por un instante desaparecen los nervios y me relajo imaginando como sería hoy esa foto para los que están siguiendo la carrera desde casa. “Esto es un privilegio tremendo, nada de agobios, a disfrutar de las increíbles aguas de la bahía de Kona, va a ser un día genial”, me recuerdo, y de repente cañonazo de salida.

Nado: 3860 m en 1h10’

nadokona

“The Big Dance” había comenzado y tras superar esos 10 minutos iniciales más complicados, voy tratando de nadar con las mejores sensaciones posibles en pos de alcanzar el primer objetivo del día que es el barco que en un recorrido de ida y vuelta marcará el punto de giro a mitad de camino de los 3800 m.

Brazada a brazada vamos haciendo camino, mientras intento tener siempre presente uno de los últimos consejos de Sonia: “usa a la masa para avanzar, adáptate,  no te pegues con ella”. Y así, rodeado de otros triatletas en todo momento y un mar de brazos impresionante cada vez que miro al frente, van pasando los metros, con fuerzas y disfrutando del magnífico escenario para la natación,  hasta empezar a divisar el barco. Aunque el giro resulta terreno bastante complicado me centro en pasarlo intentando no recibir ningún golpe. Sin mirar el crono inicio el regreso a Kona, y enseguida noto que va a costar un poco más que la ida, ya tenemos las corrientes en contra, así que ahora intentando aumentar un poco la frecuencia de brazada, me marco como miniobjetivos alcanzar la siguiente boya que señaliza el recorrido, así hasta divisar a lo lejos el Hotel Kamehameha que marcará el rumbo hasta la salida. Los últimos 700 m aproximadamente la verdad es que se me hacen interminables, porque ya se “ve” el Pier  y el público, y no veo el momento de salir del agua por más que me esfuerzo en intentar nadar “rápido”.

Al fin llega, el mágico momento de ponerse de pie, mirada al crono y compruebo que no le he dado correctamente al “start” con los nervios en la salida, así que no tengo ni idea de en cuanto he nadado. Luego haciendo cuentas en la bici, con la hora, calcularía una natación de 1h10′ que para mí está muy bien, y en ese momento me motivó mucho. Sinceramente, creo que no podría haber nadado mucho mejor, así que el día empezaba muy bien.

Bici: 180 km en 5h10′

KONA 081

Los primeros 15 km discurren por Kona y alrededores, y digamos, son un regalo, para coger sensaciones en bici, y darte un homenaje por las calles ante el numeroso público que sigue la carrera. Piel de gallina recordándolo.

La Queen K es espectacular y rodar hasta Hawái es un privilegio que hay que disfrutar. Por aquí han rodado seguramente los más grandes de este deporte y de esa historia, tengo que intentar alimentarme también.  A “solas”,  con tu bici y todo ese saco de emociones que vienes acumulando desde hace muchos meses, con más de 5 horas por delante, bajo un sol abrasador, para seguir escribiendo tu propia historia en el Ironman con mayúsculas, para pasar a poner tu minúsculo granito de arena en el enorme misticismo de la carrera.

La estrategia en la bici en un principio era ser bastante conservador e intentar guardar para la maratón. Con un día tan soleado, incluso habría que intentar ser aún más conservador y así me lo planteé.

Por suerte, o quizás  me lo había imaginado mucho peor, no tuve un tráfico excesivo en los primeros km, así que me centré todo lo posible, en tratar de respetar las normas y no arriesgar en ningún momento una tarjeta. Aquí los jueces, no dudan en sacar tarjetas, intentando ser estrictos con el “drafting”, también con el “blocking” (no circular pegado a la derecha”, con los tiempos de adelantamiento, etc . . .

Los primeros 40 km tenemos viento principalmente a favor. Centrado en intentar no ser sancionado y en guardar fuerzas, soy adelantado por un gran número de triatletas, mientras a golpe de sangre fría me consuelo pensando “amigo, quizás volvamos a vernos en el km 25 de la maratón”,  a la par que no renuncio a levantar el pie en todos los avituallamientos (aproximadamente cada 10 km) para empaparme, avituallamientos en los que hay que ir con mucha precaución para no caerse por el tráfico y los nervios.

En el entorno de Hawái, debido a uno de esos maravillosos microclimas de la isla, suele nublarse y el día de la carrera, además nos recibe con una fina lluvia que es toda una bendición. Es una nota más de alegría al día, que me hace dibujar una sonrisa durante muchos minutos. Estoy disfrutando de la bici como en ninguno de los 2 Ironmans anteriores y eso me hace muy feliz.

Cubrimos otro tramo mítico como es la vuelta favorable de Hawái, para encarar los últimos 40 km donde ahora el viento será frontal. Para terminar de rematar la bici y quedarme con el mejor sabor de boca  posible, en estos km finales, me encuentro especialmente bien y entero, con fuerza, y ahora soy yo el que empieza a recuperar posiciones, la sensación es increíble, es otro de los momentos del día. En el km 150 aproximadamente alcanzo a Cala, que está sufriendo con el viento frontal, nos animamos y seguimos.

Solo un “pero” en estos km finales, y es que a pesar de los abundantes avituallamientos durante el recorrido, más o menos a partir del 160 se acaban, no lo sabía con lo que termino la bici bastante “seco” por dentro y por fuera.

Llegada de nuevo emocionantísima a Kona con todo el público, para dejar la bici tras 5h10′ (215 W medios) de pleno disfrute y empezar a correr. Me gustaría meter la cabeza en cubo de agua helada antes de salir pero no lo encuentro, me tengo que conformar con una toalla empapada en agua fría al cuello, y tampoco avituallo en la transición todo lo que me gustaría, sin preocuparme mucho pensando que el primer avituallamiento a pie estaría cerca.

Run: 42,2 km en 3h24’

 

IMG_4700

Las primeras sensaciones corriendo son buenas y aproximadamente en torno a la milla 1, ya en Ali’Drive puedo avituallar, empezando el bendito ritual que en menor o mayor medida parándome a caminar, repetiría durante las próximas horas, tratando de combatir el calor: esponjas, agua por dentro y por fuera, todo el hielo, triturado o piedras, que puedo al interior del tritraje, sagrada coca cola, más agua por fuera, hielo a la cabeza y siempre que había… ¡más esponjas!. Pienso que la presencia abundante de avituallamientos, aproximadamente cada milla, es lo que único que otorga un mínimo de humanidad a la maratón de Kona, el resto es dureza por los cuatro costados.

Aproximadamente los primeros 16 km discurren por la mítica calle Ali Drive y aquí consigo correr a muy buen ritmo para mí (ritmo medio en estos 16 km de 4’13), quizás un tanto suicida con la que estaba cayendo, quizás debí guardar y no ser tan ambicioso en estos primeros km, inconsciente ante lo mucho que quedaba por delante pero lo cierto es que me dejé llevar completamente por el gran ambiente en Ali, con mucha gente animando y viniéndome arriba, ante las buenas sensaciones. La maratón estaba siendo durísima  y ya desde los primeros km muchos triatletas tendrían que caminar o correr muy muy despacio. Las grandes “explosiones” durante la carrera a pie serían bastante numerosas.

De vuelta a Kona, el estómago y las fuerzas empiezan a flaquear. Toca subir Palani, y “decido” andar la parte más dura. Al pararme a andar, tengo un momento muy malo, me vengo abajo y aunque Susi me esperaba ahí justo para animarme, no hay consuelo en ese momento,  no puedo, pienso en los 25 km que tengo por delante, la mayoría en la solitaria Queen K, y me parece imposible terminar. Andando llego al avituallamiento de Palani, que casi quiero que no se acabe nunca, me lo tomo con más tranquilidad y aprovecho para “ducharme”.

Parece que salgo de ese avituallamiento revitalizado y consigo volver a correr los siguientes km a buen ritmo en torno a 4’20/km. Me gusta comparar “el día D”, con ese combate de boxeo, en el que sabes que te enfrentas a un rival invencible, “el ironman y su dureza”, especialmente en Kona, sabes de antemano que vas a caer a la lona sí o sí, y solo esperas que los sucesivos golpes no sean tan fuertes que te impidan levantarte de nuevo una y otra vez. La duda solo es cuantos golpes podrás soportar.

Por suerte creo que me pude rehacer más o menos bien del golpe de Palani, consiguiendo pasar la media maratón en torno a 1h31′. El siguiente objetivo es llegar al desvío para el Energy Lab, completando el tramo de 9 km por la Queen K, lo que consigo, a base de buenas paradas en todos los avituallamientos y reduciendo forzosamente el ritmo, pero para llegar a ese desvío hay aprox. una milla previa en ligera subida que me deja de nuevo muy tocado.

El tramo del Energy Lab, consiste en una L de aprox. 2,5 km  ida y vuelta. La primera parte de la L consiste en 1,5 km de bajada con el mar de frente y la segunda 1 km llano. Llegué tan tocado que ya apenas pude recuperar en el tramo de bajada, el km llano hasta el punto de retorno se me hizo eterno e igual la vuelta, ya casi sin fuerzas para levantar los pies. Antes de comenzar la subida me cruzo con Cala, que me anima, yo no tengo fuerzas más que para lanzarle una mirada perdida de “walking dead”. A la postre, estos serían los 2 dos peores km en todos los sentidos. Otro golpe, de nuevo a la lona.

Superado el último repecho de la Queen K, restan 2 km prácticamente de bajada, a tope de público hasta la meta. Me gusta pensar que es un pequeño homenaje de la carrera por haber llegado hasta ahí. La euforia durante esos 2 km, hoy sí, es incontenible, y totalmente fuera de mí.

Cruzo la meta soñada, en una nube desde la que no alcanzo a escuchar las míticas palabras del mítico Mike Reilly: “Javier Pérez from Spain, you’re an Ironman, Javier”

Kona-meta-javiperez-kona

Estoy tremendamente satisfecho y contento con el resultado de la carrera, pero sobre todo estoy muy contento porque este viaje en todos los sentidos ha merecido muchísimo la pena y ha superado con creces todas mis expectativas. Estoy muy contento de sentirme tan a gusto en la isla, casi desde el primer momento, contento de sentir siempre la tranquilidad de Kona, contento por tener la oportunidad de vivir esta prueba desde dentro, contento de que la prueba en sí me haya gustado tantísimo, contento de haber sentido en la mayoría de los participantes muchísimo más compromiso y respeto por la carrera que postureo y contento porque creo que para los que pensamos que “distancia ironman”, es mucho más que 226 km, Kona es definitivamente lugar de peregrinación y punto de encuentro, donde enfrentarte a ti mismo y a los mejores del mundo, en unas condiciones de gran dureza.

Es evidente que el camino a Kona exige sacrificios en mayor o menor medida. En mi caso, el principal es el económico porque es obvio que esta carrera supone un desembolso muy importante. Por eso, tengo que agradecer enormemente una vez más a las 2 empresas que me han ayudado a que este sueño se hiciera realidad: muchas gracias a HDI y a HITACHI, a través de Triatlón X3M.

A todos los demás que habéis hecho esto posible, eternamente agradecido. ¡Mahalo!.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>

Utilizamos cookies propias y de analítica para mejorar tu experiencia de usuario. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso. Para más información sobre cookies y su desactivación pincha aquí cerrar