Marcos Duato en el Ironman de Lanzarote 2014

“13h 20m de disfrute sin mesura”, el Ironman de Lanzarote de Marcos Duato

Publicado 23 octubre, 2014

¡¡¡Cómo me gusta esta mierda!!!

La ignorancia es muy atrevida. Un dicho que refleja bien como se ha desarrollado la aventura de este IM desde su inscripción. Lanzarote siempre estuvo en el horizonte como objetivo futuro, pero su fama de ser una de las carreras más duras del circuito IM me predisponía a posponerlo a años venideros. Después de comentar las alternativas, en casa me insisten en Lanzarote y terminan apuntándome (“gracias” Cris). La verdad es que me opuse muy poco.

 

La previa

Después del registro, los típicos, tengo tiempo…, lo prepararé bien…, etc.

Mis compañeros de viaje a la isla son Jaime Menéndez de Luarca, Machi, Martín Giacchetta, Carlos “Carlitris” Sánchez, Julián y Claudio, así que no faltara el buen ambiente durante toda la preparación, ni la experiencia y los buenos consejos. Por otro lado, todos juegan en otra liga así que no puedo compartir casi horas de entrenamiento con ellos.

Para añadir un poco de salsa al reto nos inventamos un “enfrentamiento” Argentina –España, con las consiguientes apuestas varias y comentarios jocosos que duran casi toda la preparación.

El tiempo va pasando, y el día a día va ajustando los planes de entrenamiento en su sitio, en mi caso escaso sitio han tenido. Consigo mantener una mínima regularidad en la piscina y recuperar ritmos de años anteriores, y meter bastantes km de carrera entre madrugones, salidas nocturnas y escapadas en los viajes, pero la gran damnificada es la bici. Meto toda la calidad que puedo pero muy pocas salidas largas. Estoy muy lejos del volumen necesario, pero a estas alturas no vamos a echarnos atrás. Habrá que correr con lo que se ha podido hacer, el día es largo y yo soy paciente.

No he podido visitar la isla como había previsto originalmente, así que aproximadamente un mes antes de la carrera comienzo a estudiar el recorrido, y a leer algunas crónicas con información sobre los diferentes tramos, para tratar de conocer a lo que me enfrentaré. Por esos días se me aparece San Carlitris el Planificador, que en base a los datos de potencia de Jaime en Lanzarotes anteriores y sus algoritmos de adaptación a capacidades físicas menores, estima unos % max de FTP para cada tramo, y evitar así en la medida de lo posible un Big Bang en la maratón. Una referencia sobre la que basar el segmento ciclista, y que a la postre se revelara de valor incalculable.

Las conversaciones de los últimos días se centran en los ritmos adecuados, las condiciones meteorológicas de viento y calor a las que nos enfrentaremos, etc. Todo muy tranquilizador…

Tras los preparativos finales y el “enmaletado” de la bici, llega el día de viajar. Al llegar a Lanzarote el ambiente triatlético es patente por todas partes. El conocido Rocas Blancas donde estamos alojados, es el centro de operaciones del grupo, lo que nos facilita mucho las cosas. Pablo y Paloma están allí alojados también. Allí quedamos con Carlitris’ & Martin’s family para comer, y coincidimos con Claudio y Machi. Pasamos el resto del día tranquilos, hasta que hacemos el recorrido de la bici en coche… ¡¡El sábado nos lo vamos a pasar de miedo!!

Al día siguiente quedamos temprano para nadar. Una vuelta a ritmo tranquilo que me da ánimo de cara a mañana, 30’ de bici para comprobar que no es coña lo de que el aire sopla y que todo va bien, y 20’ de trote cochinero para hacer hambre.

Recarga de hidratos (comilona), dorsales, cooooola para dejar la bici y preparativos varios para mañana. Todo está listo.

La cena comunitaria del X3M y allegados permite observar la disparidad de los rituales pre-carrera de cada uno de nosotros. Todos parecen funcionar.

 

Día D hora H: La natación

Las 5, desayuno copioso y a la T1. Hinchado de ruedas, ajuste de bidones y demás, cremas varias para todo tipo de acontecimiento, neo y a la playa.

Decido calentar algo en lugar de “luchar”por una buena posición de salida. Sin oír la salida, el pelotón se pone en marcha y comienza la fiesta. El agua está perfecta para nadar, pero me tomo los primeros metros con calma para ir colocándome ya que he salido en el centro del pelotón. Hay muchos nervios y por momentos andanadas de hostias.

Consciente de lo que queda después del agua, decido no apretar y establezco un ritmo medio que debería sacarme del agua en 1h10’ – 1h15’. La primera vuelta es algo incómoda por las aglomeraciones que se producen de vez en cuando y salgo en 34’ largos. La segunda es mucho más tranquila pero también es más complicado coger buenos pies que seguir. Termino en poco más de 1h14’ oficiales sin mucho desgaste.

 

La bici

La T1 es muy larga y además me la tomo con relativa calma (culote, manguitos para el sol, etc. etc.). unos 10’ en total y a dar pedales.

Los primeros kilómetros se hacen casi en grupo, imposible respetar las normas al 100%. Los adelantamientos son constantes. Hay que ver cómo van algunos… Llegan las primeras rampas, que se solventan con soltura, y las primeras brisas dirección al Golfo. Que bien se va con viento a favor… y cuánto cuesta volver.

El paisaje es espectacular y hace muy llevadero el esfuerzo. Cuando llegamos a Timanfaya las vistas piden reducir el ritmo y disfrutar, pero hemos venido a lo que hemos venido. La subida se hace dura y voy regulando según el plan, y la bajada rápida. En Mancha Blanca tenemos el primer encuentro con los sufridos pomponeros que nos recargan las pilas. ¡Tienen cara de estar pasándolo casi peor que nosotros!

Seguimos camino de La Santa, Soo y Famara, y la “brisa” sigue con nosotros. La segunda parte de este tramo se me hace dura anímicamente, y llegan las dudas y justificaciones, y los miedos por las subidas a los miradores que aún están por llegar. Nada que el tiempo no cure.

Giramos hacia Aria y encaramos la parte más dura del recorrido. La put… “brisa” sigue con nosotros y es cada vez más fuerte (o eso me parece a mí). Es hora de tirar del “fondo de armario” y de tener la cabeza fría. Los km pasan despacio. A media subida comienzo a hacer los primeros adelantamientos. Aunque sin sentido, porque el desfallecimiento de otros no mejora la situación de uno, parece que esto me da fuerzas añadidas para coronar.

 

Marcos Duato en el Ironman de Lanzarote

 

La bajada es rapidísima. Aunque otros se la toman con más filosofía, yo no me dejo caer y bajo a ritmo. Encaramos el Mirador del Río, última subida fuerte, y punto de retorno de la bici. Como en el caso de Aria me lo tomo con tranquilidad relativa y subo a un ritmo que pueda mantener hasta el final. Las vistas son espectaculares y hace algo más llevadero el viento que no nos deja y la subida, pero las últimas rampas, con los km que ya llevamos en las piernas, se hacen duras.

Después de coronar descenso vertiginoso hasta Arrieta y vuelta a casa. Comienzan esos km de viento a favor que… ¿dónde coñ… está el viento ahora? ¿Por qué no sopla? La carretera hasta Taiche es en ligera subida, pero deberíamos llevar viento de cola que nos haría volar… va a ser que no me han contado bien la película.

Poco viento, más bien lateral, y calor, mucho calor. Modo supervivencia ON, ritmo sostenible y alimentación e hidratación a tope. Este es el momento más duro del recorrido. “Poco” después llegamos a la famosa subida a Nazaret, que no es una gran subida pero que con el fuerte viento que sopla, y los km que llevamos se hace muy dura y más larga de los que es en realidad.

Llegamos al final y encaramos los kilómetros de asfalto infernal. No son muchos afortunadamente. Después de estos dos últimos tramos los toboganes que siguen se hacen fáciles. Encaramos por fin los últimos km ya en bajada aunque por una carretera algo retorcida que requiere atención. Al llegar al paseo saco los pies de las zapas, a lo profesional, y dejo la bici después de 7h35’ “de disfrute sin mesura”. 1⁄2 h larga por encima de lo previsto, pero poco más podría haber hecho queriendo hacer una maratón decente.

 

La carrera

T2 lenta (10’). Dudo pero decido ponerme las musleras bajo el short, un acierto que agradeceré horas más tarde, algo de crema solar y a la guerra.

Arranco muy bien, corriendo por debajo de objetivo, así que me esfuerzo en no dejarme llevar por el ambiente. La temperatura es alta pero soportable refrescándose en cada avituallamiento. Me voy cruzando con los pomponeros que me llenan de energía con sus gritos y con los compañeros de expedición. Solo Jaime lleva buena cara. Julián parece ir sufriendo pero lleva buen ritmo. Los demás ya van haciendo cacos.

Termino la primera vuelta con solvencia, según lo previsto en cuanto a alimentación, y encaro la segunda con la impresión de que podré correr todo el maratón. Antes de llegar al aeropuerto mi estómago comienza a protestar y a no aceptar más combustible de alto octanaje. Al poco mis fuerzas se resienten y entro en la típica espiral negativa, con dolores aquí y allá. Que laaaarrrgooo me parece el aeropuerto esta vez.

Relativizo, reactivo el modo supervivencia, y sustituyo el agua y los geles por la Coke. Hay que aceptar unos km de sufrimiento, manteniendo un ritmo razonable y sin venirse abajo. Busco en mi memoria los pensamientos positivos que me ayuden a salir del pozo. Algunos de ellos me arrancan una sonrisa (¡¡¡Esto no es Bambi!!). Los cruces y las charlas con Claudio, Carlitris y Martín me animan, y poco a poco me voy recuperando.

En el avituallamiento de las cercanías de meta esta Cris, y aprovecho la excusa para andar con ella unos metros y “hacerle algo de compañía”. Última vuelta, otros metros andando con Cris junto al avituallamiento, y retomo el ritmo de carrera. Poco a poco voy recuperando sensaciones y puedo volver a inyectar algo de fuel en el sistema.

 

La meta

La “cercanía” de la meta me da alas. Los dolores pasan a ser molestias y vuelvo a los ritmos previstos. Me vengo arriba, animado por haber dejado atrás la crisis y poder exprimirme en la última vuelta. Me dejo llevar por las sensaciones que me llevan rápido al punto de giro, y encaro los últimos 5 km con fuerza, “gustándome”. ¡¡¡Cómo me gusta esta mierda!!!

Disfruto de estos últimos minutos, repasando los diferentes momentos de la carrera: el madrugón, las fantásticas condiciones para nadar, los paisajes de la bici y su dureza, los ánimos de los pomponeros y sus caras de frío en la bici y de calor en la maratón, los kilómetros difíciles de carrera que acabo de dejar atrás, la complicidad y los ánimos con los compañeros de aventura…

Se acerca el final, Cris está esperándome para entrar. Dejamos espacio con los que nos preceden y entramos en meta. Alegría y satisfacción, por el esfuerzo y el resultado.

4h10’ de carrera, para un total de 13h20’.

En los momentos posteriores a la llegada el esfuerzo realizado se hace patente y apenas puedo mantener de pie. Encuentro a Claudio sentado en el suelo en parecidas condiciones y compartimos unos momentos de alegría y delirio. No vamos a hacer ninguno más, pero ya pensamos en el próximo.

¡¡¡Esto hay que hacérselo mirar!!!

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